La cancelación del polémico proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE) el pasado viernes 31 de julio de 2026 no trajo la paz al fútbol mundial, sino el inicio de un verdadero juicio político y legal.
En un cerco institucional sin precedentes, la UEFA declaró públicamente que Gianni Infantino “perdió la confianza” de la familia del balompié global, al tiempo que prepara una moción de censura para forzar su dimisión inmediata y una batería de demandas penales contra el organismo rector.
EL FUTBOL NO ESTÁ EN VENTA
A través del reconocido bufete de abogados Dechert en Nueva York, la UEFA formalizó una notificación de demanda contra la FIFA por violaciones graves a la gobernanza deportiva.
El requerimiento nombra directamente a 18 altos ejecutivos —encabezados por el propio Infantino y el director de desarrollo global, Arsène Wenger— y les impone la prohibición absoluta de ocultar, alterar o destruir correos, chats y documentos digitales vinculados al plan clandestino de privatización.
El organismo europeo fue contundente en sus posicionamientos institucionales: La línea roja: La UEFA sentenció que la venta del 20% de los activos comerciales del balompié “cruza una línea que nunca debió cruzarse”, subrayando que “el fútbol no le pertenece a la FIFA para ponerlo en venta”.
Guerra de reservas: Ante la justificación de Infantino de que el proyecto buscaría ingresos para países en desarrollo, Europa exigió liberar los más de 5,000 millones de dólares que la FIFA mantiene inmóviles en sus fondos de reserva, en lugar de “vender la vajilla de la familia”.
MATAR AL MONSTRUO
El conflicto desnudó además una profunda grieta en el corazón del máximo organismo del fútbol. Tras la renuncia irrevocable de Carlos Cordeiro (asesor principal del presidente), el diario estadounidense The New York Post destapó la existencia del movimiento clandestino “Matar al Monstruo” (Kill the Monster), integrado por personal y directivos de las oficinas centrales que exigen la salida del dirigente por opacidad e intimidación.
Las filtraciones internas revelaron que el proyecto privado contempló un megasalario anual de 30 millones de dólares más bonos para el propio Infantino por presidir la nueva filial comercial. En declaraciones exclusivas para la agencia Associated Press (AP), Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, fustigó abiertamente la gestión al calificar el plan como “el proyecto de un solo hombre” que engañó al personal.
AISLAMIENTO POLÍTICO
Sin el respaldo de las federaciones de Inglaterra (FA) y Gales, y con la Concacaf sumándose a la UEFA para pedir una revisión integral de la cúpula, el mapa político de Infantino rumbo a las elecciones de marzo de 2027 se ha desmoronado.
En un intento desesperado por salvaguardar su cargo en las últimas horas, el dirigente buscó auxilio político en la Casa Blanca tratando de concretar una llamada de urgencia con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, según reveló The New York Post.
Sin embargo, a través de una verificación realizada por Fox News (vía OutKick), el Departamento de Estado desmintió públicamente y cualquier reunión programada en la agenda oficial.
FIN A LA ERA INFANTINO
A la par, la bancada demócrata en la Cámara de Representantes de EE. UU. inició una investigación sobre los lazos entre la FIFA y la firma Thrive Capital. Esta empresa, cuyo hallazgo original e hilos financieros fueron revelados en una investigación por el diario británico The Times, pertenece a Joshua Kushner (hermano del yerno de Donald Trump) y fue señalada como la inversora ancla del fallido plan de 20,000 millones de dólares.
El bloque de 55 naciones de la UEFA ya trabaja a marchas forzadas con sus aliados para nombrar y financiar a un candidato de oposición que ponga fin a la era Infantino.