En el Estadio GNP Iron Maiden celebró la noche del viernes 50 años de trayectoria, y demostró que mantiene una legión de seguidores leales a su historia, que se sostiene en riffs, personajes, relatos y una identidad propia que pasa de generación en generación.
Ante 65 mil fans, cifra oficial, Bruce Dickinson (voz), Steve Harris (bajo y coros), Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers (guitarras) y Simon Dawson (baterista en giras, quien suple a Nicko McBrain), aparecieron para dar inicio al show de su “Run for your lives world tour”.
Los primeros acordes rebotaron en el recinto, el público reconoció un ritual que lleva cinco décadas perfeccionándose: puños en alto, intenso headbanging y una marea de atuendos negros que espera oír sus viejos himnos, como "Wrathchild".
"Hola, Ciudad de México", saludó Dickinson, mezclando el español con el inglés, mientras la gente levantaba las manos para ovacionarlo.
"Vamos a empezar, ¿me siguen? Hemos cumplido 50 años y este es el concierto más grande que hayamos hecho en México. ¡Gracias!", agregó el cantante en inglés, antes de interpretar "Phantom of the opera" y "The number of the beast".
"La doncella de hierro" se concentró en canciones de sus primeros nueve álbumes de estudio, desde “Iron Maiden” hasta “Fear of the dark”.
LEGADO METÁLICO
El frontman compartió que para este tour decidieron interpretar "Infinite dreams" por primera vez desde 1988, así que en el área general comenzó el mosh pit.
Eddie the Head, la icónica mascota creada por Derek Riggs, volvió a estar presente entre la multitud. Lo hizo en camisetas oscuras, en chamarras de cuero, en mezclilla desgastada.
La música de Maiden combinó así potencia, una identidad visual inconfundible y una narrativa que ha trascendido los estereotipos del heavy metal.
Sus letras recorrieron episodios históricos, mitología, poesía, literatura y filosofía. "The trooper" tomó como referencia la Guerra de Crimea, mientras otras composiciones encontraron inspiración en autores como Edgar Allan Poe y Samuel Taylor Coleridge.