Por mucho tiempo, Rockotitlán fue un refugio del rock nacional, y ahora se prepara para una tercera vida que arranca en el Estado de México, con una misión que busca equilibrar la nostalgia y las nuevas generaciones.
Fundado por Sergio y Fernando Arau, Rockotitlán nació como un espacio dedicado exclusivamente a bandas mexicanas y en español. Abrió sus puertas el 14 de septiembre de 1985 sobre Avenida Insurgentes, casi esquina con Eje 5 Sur, en la colonia Nápoles, en la Ciudad de México.
En aquella primera etapa desfilaron agrupaciones como Botellita de Jerez, Café Tacvba, El Tri, Ritmo Peligroso, Santa Sabina y Maldita Vecindad, lo que consolidó al recinto como «el lugar del rock» en la capital del País.
En 1986, el foro fue escenario de un momento simbólico: la declaratoria de independencia del rock en español. En una época marcada todavía por la resaca de la censura y la falta de espacios, Rockotitlán se convirtió en semillero para el talento.
«Veníamos de una represión muy fuerte. Había mucho talento, pero no había espacios. Todo el rock se desarrollaba en hoyos funkys y tocadas improvisadas», dijo en entrevista Juan Carlos Oblea, director general del actual Rockotitlán, quien forma parte del proyecto junto a Matías, hijo de Tony Méndez, y Manny Murillo, de Ritmo Peligroso.
VITRINA MUSICAL
La segunda etapa llegó el 20 de diciembre de 1990, cuando el ya fallecido Tony Méndez, bajista de Kerigma, compró Rockotitlán para sacarlo de una crisis financiera y lo movió a Coapa, donde impulsó dinámicas como las Batallas de las Bandas y amplió la venta de mercancía rockera. Sin embargo, terminó en 2004.
«Tony lo tomó de una manera más empresarial y convirtió a Rockotitlán en una vitrina para proyectar bandas incluso a nivel internacional. De ahí surgió el Rock en tu idioma y ya fue la catapulta de todas las bandas que hoy están totalmente consolidadas», agregó.
ESCENCIA ORIGINAL
Ahora, la tercera fase de Rockotitlán (Cto. Novelistas 4, Cd. Satélite, Naucalpan de Juárez) busca conservar la esencia original: música en español, composiciones propias y apoyo a talentos emergentes.
Kerigma inauguró las otras dos etapas, por lo que también tocará en la apertura de este recinto para 250 personas, distribución en tres niveles y una estética industrial.
Se busca que el espacio sea una especie de museo vivo del rock mexicano, con instrumentos, memorabilia y obras visuales. Aunque la nostalgia será parte importante de la programación, los organizadores aseguran que el futuro está en las nuevas generaciones.