Durante siglos pensamos que todo planeta debía girar obedientemente alrededor de una estrella, como la Tierra alrededor del Sol. Pero el Universo, una vez más, decidió llevarnos la contraria.
Hoy sabemos que existen mundos que fueron expulsados violentamente de sus sistemas planetarios y quedaron vagando solos por la inmensidad de la galaxia. No reciben amaneceres, no conocen atardeceres y viven sumidos en una noche eterna. Son los llamados planetas errantes o planetas vagabundos (rogue planets o free-floating planets), cuerpos de masa planetaria que no orbitan ninguna estrella. Sin embargo, lo más sorprendente no es que existan, sino que algunos científicos consideran que incluso podrían albergar vida.
Esta idea, que hace apenas unas décadas habría parecido propia de la ciencia ficción, hoy descansa sobre investigaciones publicadas en algunas de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, como Nature, Nature Astronomy, The Astrophysical Journal, Astrobiology y Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
La primera gran sorpresa llegó en 2011, cuando un equipo encabezado por Takahiro Sumi publicó en Nature un estudio basado en la técnica de microlente gravitacional, capaz de detectar objetos invisibles gracias a la forma en que su gravedad desvía momentáneamente la luz de estrellas lejanas. Sus resultados fueron extraordinarios: identificaron una abundante población de planetas errantes con masas semejantes a la de Júpiter y propusieron que podría haber casi dos planetas errantes por cada estrella "normal" de la Vía Láctea.
La explicación parecía tan dramática como fascinante. Estos gigantes gaseosos habrían nacido alrededor de una estrella, pero las intensas interacciones gravitacionales con otros planetas terminaron expulsándolos de su hogar, condenándolos a recorrer el espacio interestelar completamente solos.
Años después, otro descubrimiento reforzó esa idea. En 2022, un equipo liderado por Núria Miret-Roig publicó en Nature Astronomy el hallazgo de entre 70 y 170 planetas errantes en la joven región de formación estelar de Escorpio Superior (Upper Scorpius). Los investigadores plantearon dos posibles orígenes: algunos habrían sido expulsados poco después de nacer, mientras que otros podrían haberse formado directamente a partir del colapso de pequeñas nubes de gas que nunca reunieron suficiente masa para convertirse en estrellas.
La historia dio un nuevo giro gracias al proyecto OGLE. En otro estudio publicado en Nature, Przemek Mróz y su equipo encontraron evidencias de que los gigantes errantes quizá no sean tan abundantes como se pensaba, pero sugirieron algo aún más intrigante: los planetas errantes rocosos, similares en tamaño a la Tierra, podrían ser extraordinariamente comunes en la Vía Láctea.
Y es precisamente ahí donde comienza una de las preguntas más fascinantes de la ciencia moderna: si existen tantos mundos solitarios… ¿podría alguno de ellos estar vivo?
¿Y tú, qué opinas?
*Investigadora independiente
lriveraju984@gmail.com
Abbot, D. S., & Switzer, E. R. (2011). The Steppenwolf: A proposal for a habitable planet in interstellar space. The Astrophysical Journal Letters, 735(2), L27. https://doi.org/10.1088/2041-8205/735/2/L27
Lingam, M., & Loeb, A. (2019). Subsurface exolife. Astrobiology, 19(10), 1333–1350. https://doi.org/10.1089/ast.2018.1931
Miret-Roig, N., Bouy, H., Raymond, S. N., Tamura, M., Bertin, E., Barrado, D., et al. (2022). A rich population of free-floating planets in the Upper Scorpius young stellar association. Nature Astronomy, 6, 89-97. https://doi.org/10.1038/s41550-021-01513-x
Sumi, T., Kamiya, K., Udalski, A., Bennett, D. P., Bond, I. A., Abe, F., et al. (2011). Unbound or distant planetary mass population detected by gravitational microlensing. Nature, 473(7347), 349–352. https://doi.org/10.1038/nature10092
Miret-Roig, N. (2023). The origin of free-floating planets. Astrophysics and Space Science, 368, 38. https://doi.org/10.1007/s10509-023-04175-5