jueves 10 de septiembre de 2026
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COYUNTURA

El ídolo con pies de barro y la sombra de 1989

Las cosas claras y sin rodeos; el tamaño del atraco y del cochinero que el gobierno de Morena le ha propinado a este país es…

Por Eloisa Talavera Hernández Lecturas: 6

Las cosas claras y sin rodeos; el tamaño del atraco y del cochinero que el gobierno de Morena le ha propinado a este país es tan descarado, que necesitaban un circo de proporciones épicas para taparlo. Buscaban con desesperación a un opositor de gran peso, una figura pública tan relevante que su caída fuera lo suficientemente ruidosa como para desviar la mirada de los mexicanos. Querían que la prensa y la gente se pelearan comentando una detención espectacular en lugar de exigir cuentas por los escándalos de corrupción e inseguridad que hoy ahogan al régimen.
Pero se equivocaron rotundamente de blanco al meterse con Ernesto Ruffo Appel.
A los estrategas del gobierno se les olvidó la historia, creyeron que podían borrarla de un plumazo. Ruffo no es un nombre cualquiera en el tablero político mexicano. Es el estandarte que en 1989 le partió la madre a seis décadas de hegemonía del PRI, el hombre que encabezó el triunfo en Baja California para convertirse en el primer gobernador de oposición en la historia moderna de México. Ese triunfo no fue un simple dato electoral, fue la grieta por la que después se coló la alternancia en todo el país. Ruffo es la prueba viviente de que el poder absoluto sí se puede vencer. Y ese es exactamente el pecado que este gobierno no le perdona, le estorba un símbolo que recuerde que la democracia no nació con ellos.
Miren el manejo de los tiempos, ahí está la trampa. Casualmente, los expedientes e investigaciones de la Fiscalía despiertan con una velocidad milagrosa justo cuando los gobiernos del oficialismo se ahogan en escándalos de audios filtrados, pérdida de visas y acusaciones graves. A un símbolo de la oposición lo juzgan desde el pulpito de la mañanera.
¿A eso le llaman Estado de Derecho? No nos hagamos. Esto es selectividad pura y dura; la ley aplicada como garrote contra el adversario que estorba, a Ruffo lo trasladan en cuestión de horas, le dictan prisión preventiva en días y lo encierran en el Altiplano, el penal reservado para los criminales más peligrosos del país, como si fuera un capo. Y la ley guardada en un cajón como cobija protectora para el aliado que obedece.
Sale la presidenta Sheinbaum a decir cínicamente que “se está aplicando la ley”, que “hay muchas pruebas”, pero nadie que tenga dos dedos de frente se traga la historia de que este momento y esta prisa son una simple coincidencia. Nadie pide impunidad si hay pruebas reales contra alguien, pero lo que se exige es que la justicia no sea un traje a la medida del humor del gobernante en turno.
Mientras, Marina del Pilar sigue despachando, como si nada, pese a que Estados Unidos le canceló la visa a ella y a su exmarido por presuntos vínculos con una célula del Cártel de Sinaloa. El gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, señalado formalmente de narcoterrorismo por fiscales de Nueva York, y narcoterrorismo, no es una falta administrativa, apenas pidió “licencia” y ya se rumora de su regreso triunfal a Culiacán. Ninguno de los dos ha visto por dentro una celda.
Este régimen dictatorial quiere vender la idea de que es invencible y que su proyecto durará para siempre. No hay que engañarse, son un auténtico ídolo con pies de barro. Por fuera aparentan una estructura gigantesca e inquebrantable porque controlan las fiscalías, el congreso, el sistema judicial, los recursos y los micrófonos; pero por dentro están cimentados sobre la complicidad, la violencia y el miedo.
En 1989, los ciudadanos de Baja California demostraron que cuando la gente pierde el temor y se decide a actuar, no hay aparato de Estado ni partido único que pueda frenar la voluntad popular. Lo que estamos viendo hoy es la desesperación del gobierno por consolidar su autoritarismo desde las fiscalías para que la única versión de la historia sea la que ellos deciden contar.
Mexicanos, es hora de no tener miedo. La historia nos ha enseñado que el poder absoluto se agrieta cuando la ciudadanía cobra conciencia. Ninguna cortina de humo, por más aparatosa que la diseñen, alcanza para tapar el desastre de país que están dejando.

* Ex diputada federal

 

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